La violencia analizada a través de la película «Luna de Avellaneda» en las Jornadas de Violencia Familiar e Igualdad de Género

La violencia analizada a través de la película «Luna de Avellaneda» en las Jornadas de Violencia Familiar e Igualdad de Género

Fernando Ulloa es un psicoanalista profundo en conceptos y un gran poeta que trabajó el tema de la crueldad. Para explicarlos, los expuso en la Universidad de Madres de Plaza Mayo. Habló de la desaparición de personas, de asesinato y de dependencia psicológica y física. En el primer día de las V Jornadas de Violencia Familiar e Igualdad de Género, la ternura se opuso a la crueldad.

Licenciada Silvia Perelis
Primera jornada. Luna de Avellaneda, la película de Juan José Campanella, sirvió como marco para develar cómo se va violentando la vida de los personajes. Protagonizada por Ricardo Darín, Luna de Avellaneda habla de la crisis que atraviesa un club y la encrucijada de sus socios: venderlo o seguir adelante cueste lo que cueste. Amor por lo construido y necesidad de sobrevivir y de ganar dinero a costa de los propios ideales se juegan en esta invitación al debate.

“Para identificar la violencia, comentaremos el material teórico basado en Fernando Ulloa, médico psicoanalista. Volquemos los conceptos para interpretar la realidad en la película”. Así comenzó la licenciada Silvia Perelis, magíster en Gerontología Social de la Universidad Autónoma de Madrid (convenio IMSERSO), la original iniciativa de observar la violencia estructural que nos engloba a todos y que ocurre desde y en las bases de la sociedad misma mediante normas legales, socio-culturales y económicas que actúan como trasfondo de otras formas de maltrato existente. La falta de políticas de salud, el mal cumplimiento de leyes, de normas que desvalorizan a la persona, tanto legales como sociales, van haciendo y contribuyendo a que la persona no tenga satisfechas sus necesidades. Un salario o una jubilación bajas, la falta de turno en un hospital van minando la autoestima.

¡De esto se trata! De estructura, de cuestiones legales, de normas que nos dejan afuera y nos permiten un poco y no todo. Pensemos en violencia y en crueldad. “Ulloa dice que la crueldad es una encerrona trágica, sin salida. Hay sólo dos lugares: quien la ejerce es el victimario, y su víctima no puede pedir ayuda a otro. Hay impotencia. Lo vemos en el caso del torturador y del torturado, del secuestrador y del secuestrado; no se puede hacer nada. Sí podemos revertirlo cuando aplicamos el concepto de ternura. En la zona de los grises, la ternura se contrapone a la crueldad. En la película vemos violencia: un grito, una reacción fuerte, una rotura de computadoras, pero no hay crueldad. Ésta se sostiene por círculos concéntricos, logísticos y políticos, y está dirigida a las políticas instauradas: hay una preparación de la estructura y un registro de reglamentaciones”, dijo Perelis.

«El guión avanza en una crueldad que se enmascara, es intrínseca a la preparación y es casi imperceptible: es tan pequeña que poco a poco nos vamos dando cuenta hasta llegar a la “encerrona”: quedarse con la herencia de los padres o abuelos o generar 200 puestos de trabajo y tirar abajo el club. Otra de las formas de la crueldad es la cultura de la mortificación, y se destaca en un nivel organizacional, social: La cosa de la aceptación del oficinista que no aspira más que a ganar un sueldo en un escritorio gris y rutinario. Nos conformamos con sobrevivir y, seguramente, la única salida es la violencia. ¿Quiero algo diferente? Creo espacios de resonancia donde alguien me pregunte qué haré con mis sueños».

¿Qué generamos?

La coordinadora también habló de los vínculos de dependencia que generan ciertas aceptaciones: hay necesidades de salud, de tener un trabajo para vivir, de un salario, de un turno en el hospital. “La mayoría de la población tiene niveles de dependencia. Cuando alguien define un salario, un presupuesto bajo, nos referimos a una estructura de leyes que va determinando nuestra vida cotidiana: dónde atendernos y cómo, a quiénes se beneficia y a quienes no. Se van a generar acciones desde un nivel macroestructural (determinación de políticas económicas y sociales definidas desde el gobierno) hasta llegar a lo macro y lo mesoestructural (escuela, ONG, hospital, que son los ámbitos donde circulamos)”.

“El espacio del club en Luna de Avellaneda sirvió para analizar la violencia desde el nacimiento; es algo que viene de lejos. Estamos abriéndonos para entender de dónde viene. Lo macroestructural está presente, lo encontramos entre todos. »

La película se basó en lo mesoestructural,  pero podemos ubicarla en el nivel microestructural, que no se ve. Se da en planos relacionales y vinculares: en la familia, en grupos o donde quieran. En la tele vemos la consecuencia, no la causa.

Los jóvenes delincuentes saben que están en una mala situación, que tarde o temprano morirán en un acto violento, pero no encuentran salida, están fuera del sistema”, agregó el sociólogo Sebastián Kohan.

“Cambiar la sociedad es todo un desafío. La utilidad de la jornada fue dejar un mensaje: modificar  el estado de cosas a partir de la ternura como buen dispositivo. En cambio, la crueldad necesita de un contexto, de una estructura. La ternura tiene tres suministros básicos: la madre representa lo bueno y lo malo. Da al hijo lo que tiene y luego éste construye su mundo. Abrigo, alimento y buen trato es lo que necesitaremos por el resto de la vida. El primer buen trato tiene que ser el humano desde el nacimiento, la niñez, la adolescencia, dando paso a la adultez y la vejez.

¿Qué generamos de nuevo, queja o transgresión?

«Hay una respuesta. Es fundacional. Lo decimos para algo. En esta película tiene sentido: la elegimos por ser un ámbito institucional, por la violencia que se daba y el clima de un sistema al cual responde el club. Es difícil hoy encontrar una resonancia. La metáfora que señala la desaparición del club es esa. No hay lugar para reunirse. No hay lugar para conversar. En Luna de Avellaneda no hay elección. El acto transgrede a la mera queja y a la victimización y se produce la idea de fundar un nuevo club. Nació una nueva idea”.

Patricia Ortiz    



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