La Selección Argentina de Lacrosse representa al país en Denver

La Selección Argentina de Lacrosse representa al país en Denver

Mientras todo el país está paralizado pensando en la final que jugará Argentina ante Alemania en Brasil 2014, la Selección Argentina de Lacrosse estará representando al país en su segundo mundial en la historia, en Denver, Colorado. Es uno de los deportes menos populares en la nación, aunque ha tenido un desarrollo importante en los últimos años. Dirigidos por un DT que vive en Estados Unidos, y que lo hace solo por el prestigio, el combinado nacional es completado por catorce argentinos o hijos de argentinos que viven en el resto del mundo.

El Lacrosse es un deporte que se practica mayoritariamente en Estados Unidos y Canadá, aunque varios países europeos –y de a poco algunos latinoamericanos– han ido adoptándolo. Consiste en dos equipos formados por diez jugadores cada uno que deben marcar la mayor cantidad de goles en el arco contrario. Para eso, cuentan con unos palos con una red en la punta que les permite correr con la pelota de goma agarrada. Se pueden dar pases entre compañeros y golpearse los palos con los contrarios para intentar quitarle la pelota. Es un deporte muy físico, por lo que se juega con mucha protección y un casco obligatorio.

En la Argentina, hay solo dos lugares en los que se practica Lacrosse: una sede en La Plata y la otra es en el predio de deportes de Ciudad Universitaria, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires. Allí entrenan “Los Guerreros”, un grupo de jóvenes que se iniciaron en el deporte cerca del 2000 y que tuvieron que dejar de practicarlo ya que eran muy pocos para armar un partido. Casi siete años estuvieron jugando en parques públicos, pasándose la pelota y nada más, hasta que pudieron volver a darse el lujo de armar un 10 vs. 10.

Seis de la tarde en Ciudad Universitaria. Los aviones pasan muy bajo y de momento todo se ensordece. Un grupo de chicos lidia con unos palos de metal y unas redes, en un intento de armar un arco. Otros comienzan a ponerse sus protecciones: casco, guantes, coderas, hombreras y hasta una armazón para el pecho. Los primeros dos son obligatorios, el resto es por gusto personal. Hay palos tirados en el piso. En inglés se les llama stick, y acá, “palos”. Los más largos les corresponden a los defensores, ya que tienen mayor alcance aunque menor control, y los más chicos a los atacantes, con cualidades inversas.

Mientras van llegando, todos se saludan con todos. Algunos no se conocen: hoy hay varios nuevos. “Tenemos alrededor de cuarenta chicos y veinte mujeres, que es un montón y es un logro. Y cada día va creciendo y tenemos chicos nuevos, así que estamos muy contentos. El equipo de La Plata ahora también está tratando de volver a armar mujeres. Esperamos que sea progresivo a partir de ahora”, se esperanza Rodrigo Miquelarena, líder de “Lacrosse Argentina”, una institución que coordina todo lo referente a ese deporte, encuadrado dentro de Codasport, una ONG dirigida por Ricardo Acuña. Él fue quien trajo el Lacrosse al país allá por los 2000, y en su organización nuclea otros deportes también poco populares.

Miquelarena conoció a Acuña cerca de 2009. Él le dijo que podía enseñarle a jugar Lacrosse y así empezó a entrenar, junto a unos amigos. “Nos juntamos con los chicos que ya jugaban y ahí empezamos a encaminar de nuevo lo que era el Lacrosse acá en Buenos Aires”. Casi sin escalas, llegó el inesperado primer Mundial, donde fueron a ciegas: “Fuimos al primer mundial en Manchester en 2010, que nos habían invitado. Como una locura, una aventura, porque no teníamos muchas ideas ni de las reglas ni bien qué íbamos a hacer. Completamos el equipo con un montón de argentinos e hijos de argentinos que viven en el resto del mundo y que tenían un poco más de idea y fueron el soporte del equipo. Después volvimos y empezamos a pensar el Lacrosse como un deporte y a dónde lo queríamos llevar, y finalmente nos terminamos estableciendo hace casi dos años acá, en la UBA, donde nos dieron lugar para jugar”, señala Miquelarena.

Otro que conoció a Acuña y lo llevó al Lacrosse es Mariano Nakada. Su profesor de educación física y Acuña eran amigos, y en un campamento hicieron una demostración sobre el deporte. “Empecé con mis compañeros de colegio, después se fueron casi todos y seguí jugando torneos con la gente que estaba y después, más próximo al 2010, se empezó a juntar mucha más gente como Rodrigo, que es del Sur, y en ese momento nos pusimos la idea de ir a jugar el mundial de 2010 en Manchester. Fuimos y ahora estamos camino a Denver”, cuenta otro de los que irá al Mundial.

Increíblemente, Nakada no pudo practicar este deporte durante siete años por no juntar número suficiente: “Cuando empecé jugamos un partido en la escuela, 10 contra 10 en 2002 y después, hasta el 2009, nunca volví a jugar así”. Cada vez quedaban menos: “Éramos cuatro o cinco, nos pasábamos la pelota, practicábamos las habilidades con el palo, pero jugar un partido no podíamos. Era imposible. Cuando empecé éramos cuarenta más o menos. De ellos, quedé yo solo”, grafica. Así, se conformaba con una versión reducida: “En esa época todos los torneos que se hacían eran de Box Lacrosse, que es la modalidad indoor del deporte. Era como un fútbol cinco, pero de Lacrosse”. “Creo que se juega de seis, pero acá siempre jugamos con los que teníamos”, admite.

En los entrenamientos en Ciudad Universitaria, “Los Guerreros” cuentan con la dirección técnica de Ryan Volatile, estadounidense e hijo de un entrenador de Lacrosse. “Cuando llegué al país, extrañé mucho el deporte, porque no juego bien fútbol; toda mi vida jugué Lacrosse”, señala. Los “googleó” y fue a entrenar. Practicó unos meses y ya en 2014 se hizo cargo de la planificación de los encuentros.

Entre un país que lo tiene como uno de sus principales deportes y otro que al leerlo piensan que es una avenida, Volatile no tiene demasiados problemas para encontrar diferencias: “Todos juegan bien, pueden pasar, tirar, correr, son muy atletas, pero hay diferencias en el conocimiento. Es un deporte más como el básquet que como el fútbol”. “Algunos saben las reglas porque lo ven en la tele, o en la escena de American Pie. Las reglas no son muy difíciles de aprender, es fácil”, agrega.

Muchos de los que entrenan con Volatile irán al mundial en Denver en julio. Lejos de las facilidades que tienen los futbolistas, Miquelarena, al igual que sus compañeros, debe pedir licencia deportiva en su trabajo y costearse el viaje a los Estados Unidos. “Los gastos salen pura y exclusivamente de nosotros. Es un condicionante que a la larga vamos a intentar eliminar, porque hoy en día no solo va al mundial el que juega bien o el que pasó una suerte de proceso de selección, sino el que puede acceder a un pasaje a Denver. También hicimos un montón de cosas para conseguir dinero, porque no es solamente el gasto del pasaje, sino el gasto de todo el resto: hay que comprar cascos, guantes, hay que pagar los árbitros, la comida, el alojamiento. Es un montón de plata. Hicimos una campaña de donaciones en Estados Unidos que tuvo bastante éxito. Ahora estamos lanzándola en la Argentina, hacemos fiestas… todo para tratar de bajar el costo de vida en Estados Unidos, que es bastante caro, más allá del pasaje”, apunta el líder de Lacrosse Argentina.

En Manchester, el último mundial y el primero de la Selección Nacional, el combinado de nuestro país salió anteúltimo, sin poder ganar siquiera un partido. “Ahora seremos casi treinta jugadores. El deporte está creciendo, tenemos dos entrenadores físicos, un equipo de mujeres, y ahora tenemos a nuestro entrenador, que es Ryan. Es increíble el crecimiento que tuvimos en tan poco tiempo y creo que fue fundamental haber ido al Mundial 2010, que nos hizo volver a todos las ganas de seguir desarrollando el deporte”, analiza Nakada.

Sobre ese torneo, comenta: “El mundial pasado fue la primera experiencia y no pudimos ganar ningún partido, no salimos últimos por diferencia de goles, los últimos fueron los mexicanos, y este año esperamos poder ganar todos los partidos que podamos y creo que estamos mucho mejor preparados y más maduros para poder afrontarlo”.

Según lo explica Rodrigo Miquelarena, esta vez las metas son dos: “Nosotros llevamos dos objetivos: uno deportivo y uno de comunicación. Un objetivo muy ambicioso sería mantener el puesto del mundial anterior. Si bien salimos anteúltimos, salimos 27, ahora van a haber 40 equipos. Si llegamos a salir 27, sería muy bueno, pero es muy ambicioso realmente. Tenemos también un objetivo de comunicación: vamos con la idea de que en el mundo se enteren de que en la Argentina se juega Lacrosse y que nos puedan visitar. Si podemos tener dos equipos internacionales aquí en Buenos Aires por año, eso nos aumentaría muchísimo la capacidad de juego, nos permitiría traer materiales, porque la gente que viene muchas veces te trae cosas si le pedís, o te vende cosas baratas”.

El panorama internacional es bastante claro: los mejores países son Canadá y Estados Unidos. Luego, un escalón importante por detrás, llegan los países europeos que han logrado dominar el deporte. Después, los otros estados del viejo continente, que aunque son nuevos tienen roce internacional. Detrás viene el resto. Así lo detalla el líder: “Lo más cerca que tenemos nosotros es Colombia, que tiene un programa más nuevo que el nuestro. De 40 países que van a jugar este mundial, nosotros estamos en el grupo de los últimos 10. Para dar el salto de calidad a estar entre los 30 y los 20 tenemos que hacer unos cuatro años al próximo mundial muy importante, con muchísimo desarrollo y tener al menos diez veces la cantidad de jugadores que tenemos hoy”.

El principal escollo para que el Lacrosse crezca en la Argentina es contar con los elementos necesarios para poder practicar el deporte, ya que, a diferencia del fútbol, no basta con una pelota (o algo similar) y dos arcos. “Conseguir los materiales es el impedimento más grande que hoy tenemos como deporte. No tanto por el costo material, que si bien es un deporte medianamente caro, no es mucho más caro que jugar al tenis o a cualquier deporte que te tenés que comprar un par de botines, o una raqueta. Lo difícil es traerlo, porque en las casas de deportes de la Argentina no se vende. Así que hacemos tipo mula, cuando alguien va nos hace el favor de traernos algunas cosas, vamos comprando…”, explica.

“Hay materiales de cada uno, el que puede se lo va comprando, porque eso permite que cada jugador que venga tenga los materiales para arrancar sin tener que gastar plata. Cuando finalmente se pueda comprar lo suyo, los que le habían prestado los deja otra vez en un fondo común que vamos teniendo para los chicos nuevos. Lo mismo hicimos con La Plata, les dimos un envioncito de materiales. Como Federación, por más que seamos pocos y seamos los mismos, nos ayudamos. Ellos se empezaron a autogestionar, a conseguir sus cosas y así. Tenemos la idea de antes de fin de año llegar a otra universidad más, o llegar más al interior. Es medio a pulmón, hay que ir de a poquito”, comenta Miquelarena.

Por último, Miquelarena le dedica unas palabras a la Universidad de Buenos Aires: “La UBA la verdad que como entidad dentro del país fue la única que nos ha apoyado hasta el momento realmente. De escucharnos, dejarnos presentar nuestro proyecto y apoyarnos en todo. La gente nos da casi seis horas de cancha por semana, que a nivel económico es mucha guita y que nosotros no podríamos cubrir si no fuera porque esta gente nos está apoyando y quiere ayudar a desarrollar este deporte acá. Para nosotros este es nuestro club, y generar sentido de pertenencia acá fue muy importante y una de las causales del pequeño éxito que hemos tenido”.

Mariano Perusso



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