Menores y violencia tóxica. Responsabilidades Compartidas. Parte III

Para erradicar la violencia, la familia es un pilar muy fuerte: En décadas anteriores, los padres pretendían que sus hijos fueran  mejores que ellos, y esa movilización social ascendente se concretaba. La movilización ahora es descendente.

En las notas anteriores hemos planteado hechos que nos llevan  a reflexionar sobre las diversas causas de la violencia tóxica. “Existe una sobrecarga de información fragmentada que, deliberadamente, termina por desinformarnos; es una de las patas del omnipresente mercado”, ejemplifica Miguel Narváez. Y en esto tienen que ver los empresarios de los boliches, sobre todo cómo han manejado a la familia diciendo que es importante que los pibes no salgan a las cuatro de la mañana por seguridad y que vuelvan a las ocho o diez, sin tener en cuenta lo que es la estructura familiar, el horario y los peligros.

A su vez, los propios adolescentes generan escenarios violentos, que derivan en divisiones y categorías como las actuales e incomprensibles “tribus urbanas”. El Dr. Abraham sostiene que siempre existieron. “Pero tras este proceso, estos chicos hoy divididos en emos, floggers, cumbios no tienen el telón de fondo de generaciones anteriores en las que todavía no estaban rotas las cadenas solidarias, y la principal, que es la familia”, agrega Claudia Gontard.

Entonces, el psiquiatra recuerda que hace años convivían en un mismo barrio pibes de distintas tribus, pero los padres estaban en buenas relaciones. Por su parte, Gontard agrega que había códigos, había respeto: esto es lo que se fue rompiendo.

El licenciado Sotto también está de acuerdo con que la familia es un pilar muy fuerte: “Nosotros tuvimos padres que pretendían que nosotros fuéramos mejores que ellos y esa movilización social ascendente se concretaba. La movilización ahora es descendente”.

“Y aún se puede ampliar la lente”, comenta Sacco. «Renato Descartes estableció la época moderna hasta 1950. Su filosofía se basaba en un pensamiento de “pienso luego existo”».

Hoy, el eje del mercado no es soy porque pienso, sino soy lo que tengo,que rompe con la modernidad: El objeto de consumo impide el desarrollo del pensamiento: lo podemos encadenar con los procesos en los que no se podía pensar, había que derribar al enemigo —en lo posible, en silencio— para que no piense, y esas políticas fueron perfectamente funcionales al mercado. Hablo del consumo en general, no sólo de drogas.

Diagnóstico… ¿pronóstico?

Queda claro que hay un eje que el mercado logró imponernos y, por eso, hay que trabajar fuerte para terminar con la inmediatez que nos  llevó a la situación del conato agónico en el cual todos nos tenemos que levantar a la mañana. Vivir es muy diferente de sobrevivir; de andar corriendo de trabajo en trabajo para juntar tal suma y pagar al banco, cubrir deudas o tener lo que otros tienen. Muchas de las situaciones que vemos nos muestran una sociedad dañada. Después de una guerra, se observan los destrozos de edificios; ¡nada queda!  En nuestro país hubo, desde fines de los setenta, un feroz ataque económico contra el pueblo argentino, en el que millones de personas quedaron en la calle, sin trabajo…

Cuando se logró llevar a cabo el retiro total del Estado, todo pasó a manos del mercado, con lo cual se cerraron fuentes de trabajo y la consecuente disminución de la dignidad. ¡Fueron bombas que no se vieron caer, pero que produjeron daños muy serios!

“El daño está hecho”, agrega la licenciada Claudia Sanabria. “Nosotros, en el campo específico de la prevención, tenemos que trabajar con gente que ya ha sufrido un daño muy fuerte: familias, jóvenes, gente mayor. Los chicos de diecisiete, los de veinticinco, ¡ni que hablar de los de cuarenta!”.

Claudia Gontard hace su aporte sobre las instituciones estatales: “Antes no nos conocíamos. Aún trabajando enfrente, cada uno estaba sectorizado. En estos momentos, esta política nos llevó, en principio, a trabajar con nosotros mismos y en grupos. Antes no sabíamos con quién íbamos a articular el trabajo, pero hoy tenemos otro enfoque; vemos las adicciones como un problema socio-sanitario, como un problema complejo que va más allá del uno más uno. El todo es más que las partes…”.

El panel coincide en que también fueron perjudicados los generadores de anticuerpos, encargados de acudir al pedido de auxilio. No hay suficientes profesionales para trabajar en prevención desde los barrios; pocos quieren ir, en parte por la inseguridad de la calle o por las fallas de formación a las que alude el psiquiatra Carlos Abraham: “Se puede tener un equipo interdisciplinario, pero si el tipo no está formado para la atención primaria sino para la complejidad, o si descuidó aspectos de su formación (como puede ser la semiología u otros) o fue formado en otra área, quizás en lugar de hacer una buena semiología tiene mano fácil para firmar pedido de estudios complementarios y no se da cuenta de que lo primario es la relación médico-paciente. Significa que se ha abandonado la formación de los profesionales”.

En este punto, el Lic. en Psicología Francisco Sacco dice: “Me llama la atención que se asocie esto de los recursos con bajar o subir: bajar al barrio, como si se indicara desde el Olimpo que se debe bajar al pueblo. Hay profesionales que van al barrio y hay gente que evita —aunque no sea profesional— ir a un barrio carenciado. No creo que tenga que ver con un estigma de los profesionales. Esto me parece segregatorio”.

Finalmente: las responsabilidades compartidas

“Convendría no olvidar que los argentinos siempre estamos en la queja y esto tenemos que resolverlo entre todos; hacer un poco de mea culpa y decir: “Tengo derechos y obligaciones”. Si a la familia se le dan oportunidades, trabajo, posibilidad de que mande a sus hijos al colegio porque tiene uno en el barrio que funciona, le estás dando dignidad, oportunidad de proyectar”, agrega Gotard.

La pobreza no es sinónimo de violencia: muchos de los casos tienen como actores a alumnos de buenos colegios. Cuando una familia está enferma, basta con que uno de sus miembros lo niegue para que la familia no pida auxilio. ¿Quién enciende  la luz roja?

En este punto, Gontard defiende su postura: “Este complejo problema parte de cada uno: de los medios de comunicación, del Estado. Por eso concluimos que, para defender a nuestra sociedad de la violencia, debemos crear responsabilidades compartidas. Todos somos Estado”.

Sabemos que no cobramos bien, que nos falta esto o lo otro, que el docente no… Pero todos somos Estado de una u otra manera.

Algunas propuestas

Claudia Sanabria introduce el concepto del médico de familia, que creaba lazos paciente-médico mediante una charla de veinticinco minutos y no de talonarios que hoy se llenan en minutos para concluir en la frase: “Venga a verme dentro de diez días”.

Para Gontard, políticas públicas son las encargadas de enfrentar este problema que viene siendo sistemático, pero que ya es sintomático y repetitivo. El punto central es el Estado, pero el Estado tiene un participante que somos los ciudadanos y aquí, el desarrollo local de las comunidades sería trascendente,  porque si la gente se tiene que trasladar para trabajar, para atender su salud y lo hace en lugares donde largas colas y aglomeraciones son la constante, se genera un rechazo y una sensación de falta de pertenencia que trae el desarraigo, la no valoración del lugar donde se vive, por consiguiente… del vecino… Cuando uno está orgulloso de su entorno, lucha para que eso mejore.

Abraham cierra la entrevista con expectativas y logros de su repartición: “Una de las maneras de reversión del problema, que nos reunió como grupo, es la de generar espacios para que los distintos sectores puedan interactuar y lograr estrategias mediante la  articulación, el trabajo en red, el compromiso social, desde la perspectiva de que no actuamos sobre problemas de salud por un lado o problemas sociales por el otro. En La Matanza, mediante nuestra dirección, se ha logrado esta unión y conocimiento.

“Trabajamos en conjunto en dos áreas que, a partir de lo que fue la Unidad de Desarrollo Socio-comunitario y lo que es la Jefatura de Gabinete, que prevé una política pública integral”, señaló el psiquiatra. .

Este grupo de trabajadores de la Salud Mental, especializados en el área de Prevención y Asistencia a las Adicciones de La Matanza, nos ayudó a reflexionar, desde puntos de vista diversos; si Estado somos todos, si sirve o no poner las culpas afuera y —por fin— si cada cual habrá de hacerse cargo de su cuota de responsabilidad para que la violencia tóxica no siga lastimando las expectativas de vida de nuestros hijos… esto se verá en el futuro. Si nos obstinásemos en mirar hacia otro lado, los hijos de todos y el futuro de todos con certeza nos lo demandarán… más temprano que tarde.

Juan Manuel Avellaneda



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