Manuel García Ferré, el padre de Anteojito, dibuja en el cielo

Manuel García Ferré, el padre de Anteojito, dibuja en el cielo

Don Manuel García Ferré partió hacia un mundo desde donde seguramente contemplará que el legado artístico que nos dio permanece intacto. El padre de Anteojito y Antifaz y de tantos otros personajes dejó de dibujar, de crear y de pensar en alguna historia relacionada con la niñez, la familia, los juegos, las canciones y la diversión.

Ferré tenía la particularidad de llevar sus sueños a cabo. Él le daba vida a su rica producción onírica. Sentía desde lo más profundo de su ser.

Sus relatos se alimentaban de la vida cotidiana, de lugares comunes  y personajes humildes, de barrio; buenos y malos que divertían, educaban y dejaban un mensaje.

Su vida artística comenzó cuando era muy joven. Llegó a los 17 años de Almería, España y comenzó a sentir el deseo de comunicar. El dibujo le permitió desarrollar ese mundo interno rico y expresivo que sorprendió por la candidez, la dulzura, la realidad y la fantasía.

La caracterización de sus personajes y sus voces se adaptaban al sentimiento de cada uno: amor, maldad, tristeza, compasión, avaricia o soberbia latían en la pequeña ciudad de Tru La Lá.

Así desfilaron Larguirucho, Calculín, Oakey, Cachavacha, Neurus, Gold Silver, Pucho, el Comisario y tantos otros. Supo narrar acciones de buenos y malos de manera original.
Don García Ferré enseñó con su Libro Gordo de Petete y formó  parte de la vida escolar del alumno con la edición de la revista Anteojito, precursora en la entrega de regalos, recuerdos alusivos a una fecha histórica, troquelados, etc.

Emocionó en la pantalla grande con la historia de Ico, el caballito valiente, Trapito o Manuelita en el cine.

Su última película fue filmada en San Luis y estrenada en 2012. Fue su primera producción animada y para ello convocó a Soledad Pastorutti como protagonista.

A pesar de ser considerado un pionero en el género del dibujo animado, por la calidad y trabajo que le imprimía, era un hombre sencillo que concurría todos los días a las oficinas de Producciones García Ferré, ubicada en la Avenida Corrientes, y seguía proyectando su vida profesional. Ese era su espacio, el que guardará los bocetos, las cajas de recuerdos, los primeros trazos… y los últimos.

García Ferré era generoso y paternal, reflexivo y observador.

García Ferré era un hombre que daba oportunidades y consejos a los jóvenes que querían incursionar en el mundo que él conocía muy bien.

Había comenzado a desarrollar una nueva idea para este año, pero su corazón travieso e inmenso dejó de latir en horas tempranas del jueves 28 de marzo de 2013.

Su objetivo en la vida fue cumplido. Fue el arquitecto de tantos momentos felices que dejaron huella, que permanecerán en el recuerdo de quienes disfrutamos de su gran creatividad. Hasta siempre querido “Manuel”.

Patricia Ortiz   



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