Hilda Molina contó la historia de su vida, editada en el libro Mi verdad

Hilda Molina contó la historia de su vida, editada en el libro Mi verdad

La doctora se refirió  a las vivencias que la tuvieron como protagonista durante cincuenta años en el sistema cubano y se definió como persona autorizada para hablar del tema.

Osvaldo Díaz de Souza presentó a la médica cubana: “Tenemos el privilegio de tener en nuestra mesa a la doctora Hilda Molina, quien llegó a nuestra reunión para contarles su experiencia. A Molina le llevó quince años la gestión en Cuba, que autorizó su salida para encontrarse con su madre en Buenos Aires.   Molina tiene 67 años. Cada uno de ellos tiene una marca de espera, de incertidumbre y de dolor que transmitió con su voz pausada y firme: “No soy oradora; mi vocación siempre ha sido la de servicio: soy médica de alma, una profesión que desarrollé en Cuba y que me ha llevado a tener una experiencia que quiero compartir con ustedes”.

La doctora se refirió  a las vivencias que la tuvieron como protagonista durante cincuenta años en el sistema cubano y se definió como persona autorizada para hablar del tema.  Frente a un público ávido por conocer detalles de los momentos importantes, comenzó a relatar:

“En Cuba llegué a tener una posición importante. Allí todo es política. Fui diputada en 1993, y cuando tomé la decisión de romper con el sistema no imaginé que mi vida se volvería tan dura como lo fue. A mis 67 años puedo declarar que fueron años de gran sufrimiento. En el libro Mi verdad  tengo dos propósitos fundamentales: el primero es que se sepa la verdad sobre Cuba; el sistema tiene tentáculos largos que se extienden y por esta razón la introducción es un grito de alerta. En segundo lugar, pretendo  ayudar a grupos cubanos que están tratando de dejar esta pesadilla. No tengo necesidades materiales. Mi hijo es mi luz y soy feliz de haberlo visto.

Los hechos

«Cuando el señor Fidel Castro llegó al poder, yo tenía 15 años y estudiaba en un colegio de monjas. Era muy buena alumna y al continuar mis estudios, logré una beca para estudiar medicina en España o en EE.UU. En Cuba otorgaban becas también, y tuve la suerte de obtenerla. Fidel Castro es un hombre de una inteligencia superior, pero no tiene alma; tardé en darme cuenta de eso. Yo veía solamente a un hombre carismático que cautivó al pueblo, como lo hizo conmigo. Al escucharlo por primera vez, me dije: “Este es el Evangelio convertido en realidad”. Él hablaba de una sociedad donde el hombre valdría por sus méritos; el premio llegaría luego de no tener vicios… y así le entregué el alma y la conciencia a su revolución durante treinta y cinco años…¡me las dejé robar! . Digo esto porque asumo mi error y no quiero que otros lo cometan. Obnubilada por la causa de la revolución, renuncié a mi beca y me quedé en Cuba. Mi madre, Hilda Morejón Serantes, decía que había criado a una dama: las mujeres parimos hijos para amar y ser amados, pero no para morir en la guerra, porque los que mueren no las provocan. Pero el mensaje constante era que íbamos a ser atacados por el imperialismo yankee; los insultos al capital y a los ricos eran constantes, pero ellos se distribuían lo material sin darle a su pueblo lo que necesitaba».

Sacarse la venda

«”¿Por qué significa tanto la riqueza?¿Cuando terminaba la etapa de crisis? Yo seguía preguntando y Castro respondiendo: “Te callas”».

“Llega un momento en que se piensa que no tienes más vida que esta que estás viviendo. Estudié medicina en la Universidad de Fidel, llegué a ser neurocirujana y subdirectora de uno de los centros más importantes del país. En el capítulo 10 de Mi verdad afirmo que este sistema es perverso. Yo era médica y no política. Quería trabajar para los cubanos pobres en el campo de restauración neurológica. Me contacté e hice el proyecto para trabajar en el Instituto, hasta que Fidel se enteró y me pregunto de qué se trataba. Mi propuesta le gustó. Dio su promesa de aprobación y se hizo el Centro de Neurociencia con el aporte importante de científicos del mundo, no sólo personal sino con donativos. Era muy importante avanzar en las enfermedades incurables del sistema nervioso y no fue un logro de la revolución. Al principio, Fidel era un activo visitante del Centro, y siete años después comenzaron los problemas”.

En su libro, Hilda Molina aclara que no tuvo una relación sentimental con Castro; todo está  en Mi verdad.

“Me acerqué al poder. Esto me daba la posibilidad de ver la hipocresía de su discurso cuando criticaba a los ricos y, desde su administración, disfrutaban del capitalismo y vivían así dentro de las estructuras. El Centro era maravilloso; sin embargo, el pueblo no lo pudo disfrutar porque se consideró que era demasiado para un cubano enfermo, como lo es un hotel de lujo que se construye sólo para los extranjeros. Yo rechazaba infinidad de contratos y seguía escuchando que el dinero era para la revolución. Las ganancias nunca se veían y cuando necesitaba un equipo para introducir una técnica novedosa  me decían que era caro. No podía creerlo: los científicos japoneses nos habían dado más de lo que teníamos y los enfermos no lo usaban. ¿Pueden creer que la palabra “excelencia” era calificada de término burgués?”.
“Acepta las normas o te vas”

«En esa carrera de obstáculos, me llega la noticia de que el Centro sería para los extranjeros. Eso fue inmoral y se lo dije a Fidel, quien respondió: “No lo permitas”. ¿Quién soy yo para hacerlo?»

“Finalmente, rompí el único lazo que tenía, ya que todo era mentira.

“Me quedaba mi hijo, que ya era especialista, y se casó con una argentina. Yo sabía que la dictadura era horrible y que me lo iban a matar. Entonces, por carta, pedí a un profesor en Japón que apurara un entrenamiento y él salió con dificultades de la isla”.
Sepultada viva

“La introducción del libro es la despedida de mi hijo, que fue el 14 de mayo de 1993. Fue una tortura psicológica infringida para que yo supiera que no podía luchar. Mi hijo pudo salir y, paulatinamente, renuncié a mi condición de diputada al partido comunista. Es interesante que sepan que a los cinco minutos de hacerlo ya no tenía línea de teléfono, y me tildaron de traidora, revolucionaria. ¿Hilda Molina no acepta las condiciones? No volverá a ver a su hijo. ¡Se quedara en Cuba hasta que se muera!”

“Esta es mi historia; la escribí llorando. Tengo luto en el alma: quien haya vivido cincuenta años sin libertad, se enferma… y soy parte de esa enfermedad. Si lo leen, ayudarán a una causa; es un grito de alerta. Muchas gracias por escucharme”.

Patricia Ortiz

Estuvieron presentes:

Carlos Manuel Acuña-Osvaldo Rolleri-Ricardo Laferriere-Gervasio Iglesias-Ricardo Primavera-Sergio Cadena-Gabriela Parodi- Inés Hansen- Ruth Rojo- Héctor Osvaldo Pérez- Blanca Gunche-Mario Gojman-Cristina Moralejo-Alberto Allende Iriarte- Susana Rey-Victoria Gamelson-Patricia Odone- Ricardo Molina-Liliana Martiello- Juan José Guaresti-Guillermo Brambilla- Ernesto Celman-Magdalena Lutz- Betty Brandan- Emilio Nani- Piero FAbiani- Mier Zilberberg- Graciana Erniest- Nancy Lázaro- Osvaldo Schiaffino-Rosario Sica- Eduardi Hindi- Marcela Hindi- Horacio Guglielmone- Beatriz Muíz de Sflbarbey, entre otros.



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3 Comentarios

  1. moises federico sosa - 30/05/2010

    Excelente exposición,solo quien vivió la angustia de convivir entre el comunismo sabe del dolor del alma que produce el vacio de la irracionalidad.Dra Hilda molina quiera Dios recupere su estado de liberación espiritual,armonioso y de libertad.Un fuerte apretón de manos.Moises Federico Sosa

  2. Mario Tomasow - 30/05/2010

    Pocas veces leo un mensaje, cuando es muy largo.- Hoy debo reconocer que me interesò de una manera muy especial. La presencia y las palabras que siempre escuchè y escucho de la Dra Molina, son un placer.Sus formas, y dialèctica fueron extraordinarias.- Gracias Mario.-

  3. Raúl Berra - 18/02/2011

    Coincido.solo quien vivio la angustia del totalitarismo y el vacio de la irrasionalidad puede entenderlo. La misma que habrán sufrido miles de argentinos en la ESMA o en los subterraneos de las decenas de campos de concentración siendo violados y torturados.

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