El Coliseo, símbolo de la ciudad de Roma

El Coliseo, símbolo de la ciudad de Roma

El Coliseo romano es el símbolo por excelencia de Roma; la mastodóntica estructura de travertino es uno de los lugares más visitados por los turistas que llegan a la magnífica ciudad.

Posee un aforo para cincuenta mil espectadores, un anillo exterior de casi 50 metros de alto y un perímetro de 527 metros. En sus orígenes se llamaba Anfiteatro Flavio, pero asumió el nombre actual en los siglos VI-VII (d.C), probablemente por su cercanía a una imponente estatua broncínea de Nerón inspirada en el Coloso de Rodas.

Coliseo Romano

Fue inaugurado en el año 80 (d.C) por el emperador Tito, con grandiosas fiestas que se prolongaron durante tres meses, y en el transcurso de las cuales murieron cerca de 20.000 hombres y 9.000 animales. Esta impactante construcción ha sido considerada “indestructible” por el pueblo romano, convencido de que “mientras el Coliseo perdurara, también perduraría Roma”.

En esta visita, el turista observa en su entorno las “botticelle”, típicas carrozas romanas, ideales para un paseo romántico sobre las huellas de un pasado que nos invita a redescubrirlo.

Partiendo del Coliseo, a través de San Gregorio, se llega al Circo Máximo, situado en un punto intermedio entre el Palatino y el Aventino. Construido durante muchos siglos, supo ser el recinto para espectáculos más grande de la antigua Roma. De sus días de gloria sólo ha quedado una inmensa explanada.

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En la Antigüedad, las dimensiones del Coliseo eran grandiosas (621 metros de largo y 18 metros de ancho), y podía albergar hasta 250.000 espectadores. En el año 10 (a.C) fue colocado dentro del estadio un obelisco egipcio de Ramsés II de casi 24 metros de altura; el mismo sigue en pie hasta hoy en el centro de la Piazza del Popolo.

Otro obelisco, el más alto de todos con sus 32,50 metros, fue añadido en el año 357 (d.C) por el emperador Constancio II. Hoy se encuentra en la Piazza San Giovanni in Laterano.

Coliseo Romano

El Circo se utilizaba básicamente para las carreras de carros, principalmente de cuadrigas; jinetes y caballos vencedores alcanzaban tal fama que algunos emperadores, como Calígula y Nerón, tomaban parte en las carreras de carros para demostrar su valor y coraje, y obtener así la más alta estima del pueblo.

Patricia Ortiz



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