A los emprendimientos Huarpes, se sumaron 66 llamas. Estos mansos animales fueron uno de los pilares económicos más grandes del Imperio de los Incas.

La titular del Programa Culturas Originarias, Pascuala Carrizo Guaquinchay, recibió 66 llamas, adquiridas por Sol Puntano para los emprendimientos artesanales.

A 170 kilómetros de la ciudad, se encuentran las tierras restituidas a la comunidad huarpe por el Gobierno de la Provincia de San Luis. Mientras se construyen las viviendas y la infraestructura que mejorará la calidad de vida de la comunidad originaria, son varias las tareas que sus habitantes realizan. Con el aporte y apoyo del estado, se capacita y trabaja en emprendimientos productivos para avanzar en objetivos de crecimiento.

El miércoles 31 de marzo por la noche, arribaron desde el establecimiento ‘Lama Malal’, que se encuentra en la localidad de Los Membrillos, hacia el interior del Saladillo, 66 llamas de genética comprobada y premiada, que tienen un significado muy especial para las familias que se unen en un bien común.

Plácida Carrizo, Valeria, Susana y Teresa Valdés junto al recuerdo de Cristina Mereles de quien algunas aprendieron el arte del telar, comparten un trabajo que viene de sus ancestros. A partir de la esquila, el hilado con huso y rueca, va formando el material y del rústico telar, surgen artesanías con técnicas que heredaron de sus mayores, transformando el vellón en bellas piezas artesanales.

Coinciden en decir que la lana de llama, es más suave que la de oveja y la llegada de los animales al predio especialmente acondicionado con bretes, bebederos, corrales y un espacio construido para tareas afines, fue compartido con alegría por toda la familia.

La urdimbre arma ponchos, jergones, alforjas, peleros, sudaderas y mantas, en un prolijo trabajo compartido que a veces es de color natural y se puede concluir en una semana y otros que llevan anilinas, necesitan más tiempo de fabricación.

El camión era acompañado por empleados del COSAFI, con la colaboración de Enrique Fadón, que pertenece al Ministerio del Campo, quién explicó algunos detalles del cuidado que debían tener los animales.

Acompañadas por sus esposos y el aporte de Sixto y Santos Valdés, más Jorge Ocaña que se acercó de un campo vecino, compartieron la llegada de tres ‘tamas’ o grupos de 20 llamas y los 6 machos que fueron a corrales separados y organizaron en conjunto las tareas para el día siguiente, coordinados por el Cacique Guaquinchay.

Unas dos horas aproximadamente lleva subir al camión a los camélidos y otras dos en bajarlas, sin contar que se deben hacer varias paradas para constatar el estado de cada llama de las cuales, muchas tendrán su cría en la comunidad.

Estos mansos animales fueron uno de los pilares económicos más grandes del imperio de los Incas. Más adelante, sirvieron de sustento, abrigo y transporte, a los antiguos habitantes de nuestro territorio.

En la actualidad, la llama, es una excelente oportunidad de inversión con grandes posibilidades, más si se tiene en cuenta que es una producción que se adapta a todas las empresas agropecuarias, necesita un mínimo de estructura y en este caso, es el primer rodeo que arriba a la comunidad huarpe, que ven muchas expectativas en esta nueva actividad.

Prensa Programa de Culturas Originarias de San Luis



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