Antagonismos. En la vida política de los pueblos y en su historia, se pueden encontrar los argumentos más profundos y más sólidos de sus hechos y de sus destinos. Por Guillermo Llanes.

En Argentina, podemos apreciar que los vaivenes políticos por los que atravesó nuestro país han dejado huellas de inconfundibles rencores entre quienes formaron parte de uno u otro sector en la disputa de ocasión.

Conservadores o liberales; en la Primera Junta, unitarios o federales; conservadores o socialistas; conservadores o radicales: muchos grupos antagonizaron a lo largo de nuestra historia. Ahora bien, lo razonable de esto es que los grupos que se enfrentaban competían por cuestiones ideológicas que los diferenciaban notablemente y ambos provenían de bases distintas.

La primer práctica “no razonable”, a mi juicio, fue la confrontación entre “personalistas” y “antipersonalistas”, porque ambos pertenecían a una misma fuerza política: la Unión Cívica Radical. Los personalistas eran los partidarios a don Hipólito Yrigoyen, quien gobernó el país en dos oportunidades: desde 12 de octubre de1916 hasta el 12 de octubre de 1922 y desde el 12 de octubre de 1928 hasta el 6 de septiembre de 1930 cuando, a causa de una revolución militar, Argentina sufrió el primer Golpe de Estado.

En cambio, los antipersonalistas adherían al Dr. Marcelo T. de Alvear ,quien fue presidente desde el 12 de octubre de 1922 hasta el 12 de octubre de 1928. Esta disputa generó tensiones dentro de un partido político que se encontraba en una etapa próspera y dividió, por primera vez en el siglo xx, a militantes que, se suponía, tenían una misma base ideológica y pertenencia a un mismo signo político.

Luego llegó el capítulo de la Década Infame. Primero, con la presidencia de facto del general José Félix Uriburu, quien llevó adelante una persecución y posterior represión que no se conocía hasta el momento, a punto tal que creó una Sección Especial de la Policía Federal que se encargó de inaugurar una metodología en contra de sus enemigos políticos: la tortura.

A su vez, esta dictadura pretendió hacer un análisis particular sobre la democracia como sistema de gobierno. El Gral. Uriburu dijo en un discurso pronunciado en la Escuela Superior de Guerra: “Debemos conseguir una autoridad política que sea una realidad, para no vivir puramente de teorías. A la democracia la definió Aristóteles diciendo que era el gobierno de los más, ejercitados por los mejores…; y es así, la dificultad está justamente en hacer que la ejerciten los mejores. Eso es difícil que suceda en todo país que, como en el nuestro, hay un sesenta por ciento de analfabetos, de lo que resulta claro y evidente, sin tergiversación posible, que ese sesenta por ciento de analfabetos es el que gobierna al país, porque en elecciones legales ellos son una mayoría”.

El Gral. Uriburu declaraba en toda ocasión que él debía respeto a la Constitución Nacional, pero actuaba para que el país retornara al régimen del gobierno conservador, previo a la sanción de la Ley de Voto Universal y Secreto para Varones, conocida como la Ley Sáenz Peña.

El escandaloso fraude en las elecciones de 1932, que consagraron a un conservador-liberal como el Gral. Agustín P. Justo dio, ya en ese entonces, algunas muestras de que, como en el reciente conflicto con el campo, fuerzas políticas que se reivindican como “populares” terminan apoyando engendros con tal de favorecerse en forma personal. Fue así el caso de Antonio De Tomasso y Federico Pinedo quienes, habiendo surgido de las filas del Partido Socialista, no dudaron en fundar el Partido Socialista Independiente y apoyar una elección viciada por el fraude con tal de que dirigentes políticos populares del yrigoyenismo no accedieran al poder.

Con fuerzas políticas proscriptas y represión a los opositores continuó, como venía haciéndolo, esta década, con el acceso a la presidencia (por medio del fraude también) del Dr. Roberto M. Ortiz, de pasado radical y antipersonalista, acompañado en la fórmula por el Dr. Ramón S. Castillo, conspicuo miembro del Partido Demócrata Nacional (ala conservadora de la Concordancia que incluia al Partido Socialista Independiente).

Por causa de una grave diabetes, el Dr. Ortiz debió renunciar a la presidencia en 1940 y, de esta forma, dio paso al Dr. Castillo como presidente de la Nación. El presidente Castillo gobernó el país con algunas políticas nacionalistas pero con un férreo autoritarismo. Su neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial desató internas feroces en un ejército argentino, por entonces, netamente progermánico. Ésta y otras cuestiones muy extensas de analizar fueron detonantes para que el 4 de junio de 1943 fuera derrocado por un nuevo golpe militar conocido como la Revolución del 43, donde el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), al mando del Gral. Arturo Rawson, tomaron el poder. El 7 de junio del mismo año, o sea a los tres días, el Gral. Rawson fue suplantado por el Gral. Pedro Pablo Ramírez, quien asumió la presidencia de facto e implementó políticas de neto corte nacionalista, como la entrega lisa y llana de la educación al nacionalismo católico-hispanista de derecha, la designación del ultraderechista Bruno Genta como interventor de la Universidad Nacional del Litoral, la severa censura a la prensa (incluyendo a la revista estadounidense TIME), entre otras. La enorme presión norteamericana para que Argentina le declarara la guerra a los países del Eje hizo que se generaran fracturas en los distintos sectores nacionalistas que componían el gobierno. Por ello, el 9 de marzo del 44 debió renunciar. Así dio lugar al Gral. Edelmiro J. Farrell, último presidente de facto de la Década Infame, hasta el 4 de junio de 1946, fecha en la que asumió como presidente constitucional de los argentinos el Gral. Juan Domingo Perón.

La historia de Perón en el gobierno, el crecimiento del país a partir de las políticas públicas llevadas adelante y la cantidad insuperable de obras realizadas durante su gestión me relevan de continuar con el relato histórico para abordar un análisis político.

Hasta aquí y sobre la base de esta modesta narración, podemos ver diferencias de todo tipo, pero si analizamos los hechos del pasado, vamos a advertir dos concepciones bien definidas: aquellos que procuraron políticas públicas en defensa del interés del pueblo y aquellos que traicionaron al pueblo y a la patria con políticas que perjudicaron al país.

Todos los grupos antagónicos, desde uno u otro espacio, siempre o casi siempre se dividieron en los que están “a favor de…” o los que están “en contra de…”.

La falta total o parcial de propuestas alternativas a la disputa del poder ha signado nuestra historia con la “marca de las antinomias” sin poder, en muchos casos, resolver las contradicciones generadas por nuestras propias diferencias y volviéndonos sumamente intolerantes, último estadio para pasar a ser bestias.

El Gral. Perón, en un acto desde los balcones de la Casa Rosada, frente al pueblo que se encontraba en la Plaza de Mayo para escuchar sus palabras el 17 de octubre de 1950, lanzó la primera de las que se conocen como “Las veinte Verdades Peronistas”:

“La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el Pueblo quiere y defiende un solo interés: el del Pueblo”.

Y cerró diciendo: “En esta tierra, lo mejor que tenemos es el Pueblo”

No en vano Perón comenzaba y finalizaba las Veinte Verdades haciendo referencia a “El Pueblo”.

El Pueblo de Perón no es, de ninguna manera, el pueblo “elegido” que pretendía establecer el Gral. José Uriburu en su visión fascista y discriminatoria. El Pueblo de Verdad pagó caro su analfabetismo y su ignorancia durante muchos más años de los que tardó en alfabetizarse y en dejar su ignorancia.

Cuando uno repasa datos de la historia, no termina de sorprenderse con la vigencia que tienen muchos de ellos en la actualidad.

Hoy, aún se juega con la voluntad popular. Pero, por supuesto, la metodología no es la misma que antes. Cambia, todo cambia.

La coacción ejercida permanentemente y sin descanso por los principales medios de este país, las vetustas estructuras de los grandes partidos políticos, las nuevas estructuras partidarias fundadas con los mismos vicios de las antiguas y los grandes grupos de la economía concentrada que siempre buscan hacer tambalear al gobierno de turno, se muestran como las nuevas formas de faltarle el respeto a la democracia.

¿Cómo se lucha contra esto?

Lo lamentable es que, si triunfan, el perjudicado va a volver a ser El Pueblo.

Por eso, al principio hablamos sobre los antagonismos. Pero pensemos: si la historia nos deja alguna enseñanza y la política es la herramienta necesaria para cambiar realidades, creo que los sectores oscuros de siempre que quieren un país para pocos siguen evitando, mediante sucias argucias, que El Pueblo aprenda y se culturalice, ahora mediatizando el mensaje. y si les llega a salir mal, ¡Dios nos libre de lo que sean capaces de hacer!

De esta manera estamos frente, tal vez, al más grande de los antagonismos:

¡Democracia Popular y Participativa! o ¡Democracia Antipopular Calificada!

Guillermo René Llanes–

Fotografía: Juan José Guaresti



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