Mario Zaguirre y una mirada sobre Don Buenaventura Luna, mítico poeta sanjuanino

Mario Zaguirre y una mirada sobre Don Buenaventura Luna,  mítico poeta sanjuanino

Eusebio de Jesús Dojorti, más conocido como Don Buenaventura Luna, nació en Huaco, una pequeña población del Departamento de Jáchal, Provincia de San Juan. Fue uno de los ocho hijos del matrimonio formado por Don Ricardo Dojorti, primer Intendente de Jáchal, y de Doña Urbelina Roco, allá por el año 1909.

Huaco, la tierra de las caminatas por el río, la visita al Sillón del Gigante, las piedras diversas de rojos intensos, son los hitos que marcaron a fuego la pasión de este sanjuanino único, destacado periodista, compositor y poeta, que dio un gran impulso a la música folclórica de la Provincia. Infatigable trabajador de la Cultura Popular, basó sus acciones en su propio juicio, el pensamiento dojortiano: “Luna fue un autodidacta, un hombre que se construyó asimismo a través de la lectura y de las historias que imaginó en su niñez campesina. Tomó su nombre artístico de un hombre de confianza de su padre, a quien acompañaba en su trabajo, Don Buenaventura Luna, quien solía contarle relatos de la montaña y de la vida de los arrieros, junto al fuego y la guitarra”, comentó el Secretario de Cultura de San Juan, Mario Zaguirre, admirador del músico jachallero.

Buenaventura Luna creaba sonetos con gran habilidad”, continúa Zaguirre, “desarrolló una rica producción literaria, y condujo varios programas radiales importantes, cuyos documentos están grabados en el Archivo Histórico de San Juan. Cuando dejó su Huaco natal, por motivos políticos, se dirigió a la gran ciudad de Buenos Aires, donde fundó el conjunto folclórico La Tropilla de Huachi Pampa. En su periplo, dejó en su terruño a una gran cantante sanjuanina, un amor que moría por su ausencia y a quien le dedicó el soneto “Sin llanto”, que remata con los siguientes versos: ‘La historia de tu ser es una historia elemental, de vagas alegrías. Y si has quedado presa en la memoria, de aquel lejano e inolvidable día, en que por mí tu vida quedó trunca, haz como yo por ti, no llores nunca’”. Luego de recitarlo con honda emoción, Zaguirre rescató la importancia del uso de metáforas en la obra del poeta Luna, “Cuando se escribe para adaptar una obra a una música, hay que ajustarse a la métrica de las rimas. Pero en el caso de los poemas libres, se debe desarrollar la capacidad y la inspiración”.

Como curiosidad, recientemente, una hija de Don Buenaventura, a quien Zaguirre conoce personalmente, se refirió a la posibilidad de que su padre tocara la guitarra, ya que en la escultura en su honor, así lo inmortalizaron. Al respecto, apunta el Secretario de Cultura, “Yo tenía la idea de que no lo había hecho, pero quise certificarlo. Y fue su hija quien lo confirmó: ‘Mi papá jamás tomó una guitarra; él meditaba, escribía y fumaba’”. Una anécdota risueña, un desajuste histórico, un homenaje que por inexacto no deja de ser sentido.

La vida de Don Buenaventura Luna se apagó el 29 de julio de 1955, a causa de un cáncer de garganta. Tenía unos jóvenes cuarenta y nueve años. Sin duda alguna, el tiempo transcurrido agigantó aún más el valor de su obra y creatividad. Apunta Zaguirre que “se han descubierto otros poemas, y un libro en el cual le dedica al crepúsculo nueve poemas distintos. El mismo Atahualpa Yupanqui, uno de los más grandes folcloristas argentinos, al inaugurar el escenario de Cosquín con su nombre, y en presencia de Don Buenaventura, sentenció: ‘agradezco esta distinción, aunque debería llevar el nombre del jachallero’”. Menuda ofrenda de tamaño artista.


Por su parte, Don Mario Zaguirre reflejó su enorme admiración por el hijo de Huaco, en el notable poema creado por Don Atahualpa Yupanqui, del cual incluimos unas pocas estrofas:

A Don Buenaventura Luna (extracto)

(Atahualpa Yupanqui)

Buenaventura Luna está en su tierra,
floreciendo en la nieve su copla de silencio.

Para guardar el sueño del poeta,
la comarca de Huaco limpió sus lejanías,
pobló de resonancias su campana de cumbres.

Y en la bíblica paz de los ocasos,
se oye el salmo del aire entre los álamos,
mientras se agita, tímido en las sombras,
el cencerrito azul de las majadas.

Viejo camino jachallero;
desenroscado caracol
junto a la huerta del abuelo,
te está llamando Guandacol…

Patricia Ortiz



Comentarios en Facebook

[fbcomments]

Dejar un comentario