"La Feria de las Alasitas" es el rito ancestral aymara que la colectividad boliviana celebra todos los eneros en Buenos Aires.

"La Feria de las Alasitas" es el rito ancestral aymara que la colectividad boliviana celebra todos los eneros en Buenos Aires.

En esta fiesta se rinde culto a la deidad conocida como «Ekeko», símbolo de la prosperidad y la abundancia para los antiguos Kollas.

«El próximo domingo 24 se realizará  el tradicional Festival de las Alasitas en el Parque Avellaneda. La conmemoración, propia de los Pueblos Originarios, se llevará  a cabo en el sector denominado «Canchas Peuser».. Los festejos (de origen ancestral), que incluyen comidas, muestras artesanales, música y danzas tradicionales, se repetirán el domingo 31 en el mismo horario y lugar. Están todos los vecinos invitados».

Periódico La Floresta. – Desde el barrio para el mundo-. Enero 2010.

La fiesta de las Alasitas: los deseos hechos miniatura. soy tu sueño

(…..)»En la Feria del “Cómprame” (tal la traducción de Alasita, del aymara al español), el 24 de enero, decenas de artesanos ofrecen un universo de miniaturas que representan las necesidades y deseos de los concurrentes. Hay de todo y para todos (y casi nada supera el tamaño de lo que cabe en la palma de una mano), en símbolos metafóricos o literales. Por ejemplo, quien quiere trabajo compra una llama del tamaño de una moneda de 50 centavos local, pero quien tiene un oficio busca un muñequito que lo represente garantizándole prosperidad. Hay cholitas que cargan sandías para las verduleras y muñequitos con quenas para los músicos, entre tantísimos otros. Los que esperan una amada compran una gallinita y las que quieren novio, un gallo; mientras que los que desean familia, eligen un bebé. Entre lo básico que se requiere para la vida nadie deja de comprar comida (hay minibolsitas con el sello de un kilo que contienen granos reales de quinoa, arroz o maíz), panes, frutas y verduras. También dinero, cómo no: se ofrecen pesos, soles, dólares o euros, de a unidad o en fajitos. Quien quiere un auto va y lo compra, con papeles y licencia. Porque acá hay algo importante: la representación del deseo es tan real que puede ser fatal olvidar alguno de los elementos necesarios para alcanzar el sueño completamente. Así, alguien que quiere irse de viaje debe buscar pasajes y pedir que los llenen con sus datos (de ida y vuelta, por favor), maletas y dinero, también. Lo mismo con una casa, ¿qué pasaría si alguien fuera a recibir una vivienda sin habilitación o sin escritura? Todo eso hay. Y, en el momento, se busca un amigo para que firme como notario, garante o escribano. Lo mismo si de un taller textil se trata: nadie quiere trabajo ilegal. Si el deseo es estudiar, se busca un título, se completa y se agrega una toga para festejar. Qué más: materiales de construcción (ladrillitos, carretillas, herramientas), muebles, computadoras, televisores, celulares, heladeras. Documentos de identidad y visas, en los mismos stands que ofrecen totoras para surcar los ríos, vacas y ovejas para el que tiene campo en su Bolivia natal. Porque aquí o allá nadie se olvida de los que no están y, además, porque aseguran que el efecto se multiplica si uno recibe la miniatura de regalo. Entonces, hay muchos que van a las Alasitas en busca de sueños ajenos, esperando que otro se acuerde de los suyos. (…) LA FIESTA DE LAS ALASITAS: LOS DESEOS HECHOS MINIATURA . «Radar». Página 12. 23 de enero de 2007.

Programa Todas
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