En el Rotary Club de Palermo, Antonio Tucci, contó su historia: de Italia a Argentina

En el Rotary Club de Palermo, Antonio Tucci, contó su historia: de Italia a Argentina

“Quien es quien en Rotary” tiene por objeto fomentar el compañerismo  haciendo que cada uno conozca la historia de vida del otro. En este almuerzo, la historia de vida fue contada por Antonio Tucci: de albañil y pintor a empresario de Italpint SRL.

Antonio Tucci

Como todos los martes, los rotarios del club de Palermo se acomodaron en sus asientos: luego de escuchar el sonido de la primera campana, la bandera argentina y la rotaria fueron izadas por Miguel Tesón y Roberto Celentano. A continuación, el macero Ricardo Pesce presentó la mesa presidida por María Teresa Neira y dio lugar al informe de Ludmila Pastino, quien adelantó que el R.C. de Palermo está pensando en un proyecto conjunto con el R.C.de Constitución y el R.C. de Palermo Soho (en formación) y que, por ese motivo, harán una subasta: la consigna es que el 11 de junio cada socio se acerque con un amigo y un objeto para subastar en el momento. “Es muy importante mantener el estímulo rotario, el  compromiso de cada uno de nosotros: el poder actuar como puente, a diferencia de una ONG, en la tarea de difundir el ideal de servicio y darle la oportunidad a otro de servir”, aclaró la joven secretaria.

En su espacio “Efemérides”, Carlos Schwarzberg se refirió a don José Ingenieros, médico, psiquiatra, catedrático y pensador y recomendó la lectura de un fragmento de El hombre mediocre: ”Es un capítulo dedicado a la envidia; los padres de la iglesia clasifican los pecados capitales de la siguiente manera: un pecado es más grave cuanto más compromete el alma y no el cuerpo. En la Envidia, el ser humano  se rebaja sin saberlo, se confiesa subalterno. Entre las malas pasiones, ninguna la aventaja. Plutarco decía que existen almas corrompidas hasta jactarse de vicios infamantes, pero ninguno ha tenido el coraje de confesar su envidia”.

Además, Schwarzberg contó que estuvo en el R.C. de Madrid y, como es tradición, entregó el banderín de la ciudad española a la presidente. Hizo lo propio María Rosa Comas con el Banderín de Santa Rosa, La Pampa, su ciudad natal. Tras los aplausos, Eduardo Celentano, team leader, del IGE (grupo de intercambio cultural entre dos distritos de dos países, en este caso Babiera y Capital Federal, Argentina) contó que ya prepararon el folleto y capacitaron a los seleccionados para irse a Alemania en breve. El team leader es el rotario seleccionado por el distrito, que los acompaña y se hace responsable del grupo. “Esta fue una semana de intercambio cultural”, dijo Ricardo Pesce, quien relató la experiencia que tuvo al recibir a una joven en su casa. Pesce lamentó el escaso tiempo que tuvieron para compartir con ella y su familia: “Esta muchacha es bióloga y nos hizo aportes acerca de la vida en Alemania, Munich, y en la zona de la Baviera”.

Para Eduardo Gerome y María Teresa Neira, las vivencias del último sábado enriquecieron el almuerzo: cuatro chicos becarios visitaron “Fátima”, su casa de fin de semana, con la team leader y se quedaron dos días. “Fue muy agradable compartir nuestro tiempo de descanso con este grupo”, comentó Gerome. Una becaria que vivió en la Alemania comunista habló de la dificultad en el nivel social de los que habitaban en la vieja Alemania democrática en insertarse en la vida de la Alemania unificada. ¡Las personas tienen otra mentalidad!: el estado les tiene que dar todo y tratan de no trabajar y de tener seguridad social. “Esta afirmación da un pronóstico no optimista de cómo serán las  próximas generaciones que reciben estos mensajes”, concluyó.

Cuando no hay orador, es muy común en Rotary, sobre todo en los clubes americanos, jugar a “Quien es quien en Rotary”, que tiene por objeto fomentar el compañerismo haciendo que cada uno conozca la historia de vida del otro. En este almuerzo; la historia de vida fue contada por Antonio Tucci, de albañil y pintor a empresario de Italpint SRL.

De Italia a Buenos Aires

Don Antonio Tucci es un hombre simple: su mirada se dirige a todos por igual; es como si cada uno estuviese frente a él, café de por medio, siguiendo cada una de sus palabras. Su historia es triste, difícil, dice. Es de imaginar. Él fue un muchachito que llegó en un barco, como muchos inmigrantes que abrazaron nuestra tierra en busca de paz, de trabajo y de un futuro, que para Tucci es hoy.  Un hombrecito que vio a este país como un paraíso, porque el suyo había sido destruido por la guerra.

“Nací en Salerno, un pueblo de Italia en el que los dueños manejaban la tierra y sus empleados recibían un lugar, pero siempre estaban al servicio de ellos: nosotros, los chicos, debíamos trabajar. Luego llegó la guerra, que destruyó escuelas y debíamos producir más; yo lo hacía desde pequeño para subsistir. El dinero no alcanzaba y a veces el trabajo se adelantaba, a cuenta del año siguiente, a favor del dueño”, comenzó el rotario.

En su Italia natal, el pequeño de 7 años ya trabajaba de albañil en la construcción, donde había pintores que se exponían al frío y al calor. No era fácil ascender; los empresarios se manejaban con la familia y quien nacía obrero, moría así y quien era propietario, también.

Tucci avanzó en su historia y llegó a la guerra, que fue el detonante que hizo pensar a él y a su familia en salir; a esto se agregaba el problema del volcán Vesubio, cuyas cenizas perjudicaron la cosecha. Cuando la miseria se ampliaba, su hermano quiso llevarlo a Suiza. “Yo era menor, y no salí del pueblo, me quedé hasta que un día un telegrama me avisó que tenía que servir a mi patria. Lo hice, y cuando regresé quise viajar a Norteamérica para ganar dinero”, recordó el empresario.

Mas el destino quiso que su padre eligiera Sudamérica: “Nos pagaban el pasaje y así  vinimos al puerto de Buenos Aires; aquí empezamos a trabajar. Primero fuimos a La Boca, esperando nuestras maletas para viajar a Mar del Plata. Yo tenía 22 años”.

El joven sintió  que esta era una tierra fabulosa, que ofrecía alimentos y bebidas, rica y generosa, donde abundaba la carne, la fruta, la verdura. “Me llamó la atención la falta de frigoríficos, y el hecho de que mucha comida se tirara. Y me dije a mí mismo con inocencia que no hacía falta trabajar”.

El tren llegó y su próximo punto fue ¡la Ciudad Feliz! El viaje fue tranquilo y las casitas, muy precarias, pasaban rápidamente. Los pájaros, los animales, la tranquilidad le trajeron esperanza.

Entonces fue el mar el que le dio a Tucci otra posibilidad de trabajo: el pescado abundaba y las lanchas salían con los obreros que iban y venían con el preciado alimento. Hasta que un día se encontraron con un gran temporal: “Prometí que si llegaba a tierra, nunca más sería pescador!” .

¡Y cumplió! “Una mañana me levanté temprano. Nevaba y, en medio del manto blanco, vi a un señor que tenía un tacho de pintura: ¿Por qué no me da trabajo?, le dije, esperando una respuesta afirmativa. El hombre dudó porque en realidad no había, pero finalmente el italiano me ayudó”, añadió

Antonio Tucci, empezó ese día a ser obrero. El tiempo, que todo lo puede, y el deseo de progresar hicieron el resto: hoy es un empresario de la pintura y un gran hacedor rotario. “Vivía en Barracas cuando llegó el señor Washington Illescas y me invitó a formar parte de un club que se estaba formando. Así comenzó mi vida rotaria. Fue un día muy importante, como el de hoy con ustedes”, finalizó el empresario.

Segundos de aplausos y felicitaciones para este hombre que ofreció su historia no sólo a los socios de Palermo sino también a dos invitados especiales: el   futuro presidente del Rotary Club de Palermo Soho (en formación), Juan Carlos Feldman, y Alicia Fernández Menta, su secretaria, quienes formaron parte de las gratas visitas. Feldman dirigió unas palabras antes de cerrar la reunión y agradeció a R.C. de Palermo el apadrinamiento.

Patricia Ortiz



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