Buenaventura Luna, su vida y su canto analiza y recopila la obra del poeta

Buenaventura Luna, su vida y su canto analiza y recopila la obra del poeta

En este libro —publicado en el año 1985—, Hebe Almeida de Gargiulo, Elsa Esbry de Yanzi y Alda Frassinelli de Vera sintetizan la vida del célebre Buenaventura Luna, artista multifacético nacido en Huaco, provincia de San Juan, y analizan su vasta obra como poeta, compositor, periodista y destacadísimo folklorista.

Tercera parte:

Los aspectos fonológicos son muy importantes en su obra y constituyen una de sus características. Encontramos entonces variantes vocálicas —reemplazo de la e por la i en palabras como ‘voltiar’ o ‘golpiar’ y de la u por la o en ‘ahura’— y consonánticas por adición —‘vide’ por vi o ‘ansí’ por así—, el uso del voseo propio de algunos lugares de San Juan —‘tenís’, ‘debís’— y la sustitución de la ese final en la conjugación de la segunda persona del singular de algunas formas verbales —‘vai’ por ‘vas’—.

Buenaventura fue muy importante para la difusión de la música folklórica en el país y dirigió, además, dos conjuntos musicales de gran éxito que y de renombre nacional e internacional: Los Manseros de Tulum y La Tropilla de Huachi Pampa. Este último debutó en Buenos Aires en 1942 y contaba entre sus integrantes a figuras de la talla de Diego Canales, Antonio Tormo, el Zarco Alejo y Remberto Narváez.

En Radio Graffígna de San Juan —hoy Radio Colón—, participó de programas como “A.Z. Zafarrancho Oral” y “V Doble Zafarrancho Vocal” difundiendo poesías y las interpretaciones del dúo Tormo-Canale. En 1940 conduce en Radio El Mundo, de Buenos Aires, el “El fogón de los arrieros”, un programa ideado por él y que se convirtió en el primero en transmitir música folklórica a gran parte del país. En 1942 participa de “6 Estampas Argentinas”, al que le seguirán exitosos programas como “El canto perdido”, “Por esos campos de Dios”, “Al paso que van los años “, “Entre mate y mate… y otras yerbitas”. El último del que formó parte en San Juan, ya en la década del ’50, fue”San Juan y su vida”, en el que compartía comentarios, poesía y canciones.

Breve recorrido por su obra poética

La poesía de Buenaventura Luna incorpora a muchas de las figuras populares rurales con sus costumbres y trabajos, así como las diversiones del hombre de campo relacionadas con el ámbito físico. A continuación mencionaremos algunas de ellas, inmortalizadas en varios de sus poemas.

La figura del gaucho está representada por el gaucho sanjuanino, nacido de la unión de las razas indias y españolas, héroe anónimo de las guerras patrias, compañero de San Martín, hombre de a caballo habilidoso en el uso de las boleadoras y en la doma del ganado cimarrón. Así lo expresan “Romance indígena” y “Los últimos gauchos”, mientras que en “Romance de caballo” se observan otros aspectos del gaucho: el ansia por lo infinito, la pobreza material y la riqueza espiritual.

El arriero llevaba consigo sus tradiciones y costumbres allí donde se dirigía. Señor del camino, con su poncho, su talero adornado en plata, su cuchillo y carabina, cumplía con sus funciones de rastreado y de baquiano, y era el que cruzaba el ganado a Chile. Esto no le permitía establecerse de forma definitiva en ningún lugar ni tener un amor perdurable: recorría los caminos e integraba las arrias cordilleranas —entre las que se destacan jefes como los Alcayagas, Fonsecas, Montaños o Esquiveles, entre otros—. Así lo muestran los versos de la canción “De pago en pago”, en la que se pregona su libertad y la relación temporal que tienen con las mujeres: “Si le gustan los arriero / aprenda niña el refrán / p´al amor son ventajeros / luego cantando se van”. Además, no tienen miedo de aventurarse en ningún viaje, como se ve en el “Cantar de los arrieros”, “Mis agüelos” o “Rumbeando”, donde el abuelo del poeta, Rosas Roco, personifica a esta figura.

Quienes también ocupan un lugar especial en la obra del poeta son los indios, habitantes originarios de nuestro suelo que resistieron ante el avance los invasores. En “Grito Pampa” se describe al indio en este contexto de barbarie, matanza y malones. Los indios Huarpes eran quienes habitaban la región de Cuyo. Según la descripción que hace Sarmiento en “Recuerdos de provincia”, eran altos, delgados, de piel bronceada y oscura y de cabello renegrido, lacio y largo; las mujeres contaban con un físico armonioso y agraciado. Esta tribu no era guerrera, sino que eran agricultores, cazadores —el guanaco era una de las presas que perseguían—y pescadores, con una habilidad natural para rastrear lo perdido, y así los describe el poeta en “La estrella del indio”. La “Zamba de las tolderías” los reivindica como auxiliares de las fuerzas patrias y muestra el contexto de los malones. En “Romance indígena” se destaca la sufrida resignación del indio ante el cristianismo y la figura de la mujer indígena, mientras que en “Coquita y alcohol” —un aire puneño—, se muestra su sufrimiento. “Grito Pampa”, por su parte, alude a la transformación de la vida primitiva del indio luego de la evolución histórica y su paso hacia una vida pacífica y apacible.

Uno de los temas de Buenaventura era el amor, y por eso está presente en sus composiciones la descripción de la belleza de la mujer —criolla, huaqueña, jachallera, sanjuanina, pampeana, puntana, riojana, santafecina o porteña—, nombrada a partir de expresiones como “mi ñata”, “mi negra”, china o moza, entre otras. Son muchos los poemas y las canciones que hablan sobre relaciones amorosas y el amor, pero no todos siguen una misma línea.

Estampa provinciana”, por ejemplo, transmite la idea de que uno puede conocer muchos amores pero ninguno que se vuelva especial, no está presente la figura de la amada; así, el amor debe disfrutarse mientras dure. “Mi ñata”, en cambio, encierra la magia de la mirada de la amada, que lo atrae sin remedio. Como contrapartida aparecen “Yo soy un pobre cantor” y “Si al fin al cabo es mujer”: en ellos, la mujer es retratada —respectivamente— como una traidora fría y distante, y como una persona coqueta, capaz de fingir amor o desamor según las circunstancias. El desengaño amoroso es el centro de sus quejas de enamorado en “Con el aire”, mientras que “El beso” deja entrever un devaneo que brota espontáneamente y que forma parte del encuentro amoroso. La ropa femenina también tiene su lugar en “Amor pampeano”, destacándose la descripción de la pollera y la bata. Por último, en “No jue pa´ mal”, el poeta describe la carita morena de la virgen solar, una mujer enraizada a la naturaleza, al sol que es presencia constante en tierras sanjuaninas.

Claudia Ortiz



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