Buenaventura Luna, su vida y su canto analiza y recopila la obra del poeta

Buenaventura Luna, su vida y su canto analiza y recopila la obra del poeta

Segunda Parte:

En este libro —publicado en el año 1985—, Hebe Almeida de Gargiulo, Elsa Esbry de Yanzi y AldaFrassinelli de Vera sintetizan la vida del célebre Buenaventura Luna, artista multifacético nacido en Huaco, provincia de San Juan, y analizan su vasta obra como poeta, compositor, periodista y destacadísimo folklorista.

El poeta huaqueño transmite en su obra el gran amor que sentía por su terruño —la tierra que lo vio nacer y que le regaló sus valles, montañas y ríos— y por los caminos que lo recorren, por sus costumbres y su gente, por sus aromas y comidas, por sus paisanos y sus mujeres. Pero muchas veces es la nostalgia la que se cuela en sus versos y atraviesa sus canciones: «Vallecito de Huaco donde nací / sombra del fuerte abuelo que ya se fue / a tu molino viejo quiero volver / hoy que de amarga vida probé la hiel». En esta estrofa de “Vallecito” se resume ese sentimiento de soledad y amargura que vive en él, que lo acompaña al estar lejos de su lugar en el mundo.

La poesía presenta un lenguaje más refinado, aunque combinado con expresiones rurales típicas, vocablos de la lengua quichua —chaya, poncho, aloja— y algunas voces del español antiguo traído por los colonizadores, pero ya en desuso —por ejemplo, ‘agora’ por ahora— Construyó sus poemas bajo la forma del soneto, siguiendo así la influencia de los poetas españoles que había leído en su juventud. En ellos, la métrica es variada y está al servicio de la descripción de sus paisajes añorados: los versos se llenan de imágenes y colores de la geografía huaqueña, aunque también encontramos alusiones al color negro.  

Las canciones cuyanas, por otra parte, reflejan la sencillez y el espíritu del pueblo, y dejan entrever la espontaneidad y la emoción de los paisanos. Así, cielitos, tonadas, cuecas o zambas salieron de su guitarra, instrumento muy querido y que mencionaba mucho en sus composiciones, sin olvidarse de otros instrumentos característicos de la región como las quenas, los tontones o la caja chayera.

Es interesante mencionar algunos de los recursos literarios más frecuentes en sus versos, como la personificación —el fogón, el poncho y elementos de la naturaleza son capaces entonces de expresar y despertar sentimientos—, el uso de los diminutivos afectivos dirigidos a las mujeres nativas de las distintas regiones del país —criollita, mocita, paisanita o el afectuoso ‘chinitita’— y el uso de del vocativo, muy importante a la hora de dirigirse a esa segunda persona invisible que puede ser cualquiera de nosotros pero que quizás él utilizaba para salir de la soledad.

Caminos Culturales: Claudia Ortiz- Patricia Ortiz



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