Sarmiento, un acto inolvidable se filmó en San Juan

Sarmiento, un acto inolvidable se filmó en San Juan

La película fue presentada por el Museo del Cine “Pablo C. Ducrós Hicken”, en el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal. Es un  impecable modelo de reconstrucción histórica y despliegue en el cine nacional y un aporte necesario para pensar en un país sin divisiones.

Pepe de la Colina saludó  a los espectadores del Ciclo de Cine 2010 del Colegio Público de Abogados. Es la primera vez que se podría ver a Domingo F. Sarmiento en colores y es la primera vez que un director sanjuanino vendría a presentarla en Buenos Aires.

Sarmiento, un acto inolvidable fue una película muy particular, con sello sanjuanino, que trajo a la sala la historia de un argentino que pensaba más allá que el resto de sus compatriotas y que llegó a ser el “Padre del aula,  Sarmiento inmortal”.

“Si comparo el trabajo del director de cine con el de un pintor, afirmo que nosotros necesitamos más gente, más tiempo, reunir una serie de factores que yo no conocía. Fuimos obstinados en hacer la película en nuestra provincia, ya que filmamos en la Difunta Correa y aprendimos a lo largo de la edición, de la supervisión; aprendimos con este personaje”, contó Pepe de la Colina.

No fue fácil traerla a Buenos Aires sin el trabajo de Carlos Cerimedo, jefe de prensa de Pepe de la Colina quien se  comunicó con el periodista del diario Ámbito Financiero, Daniel Paraná Sendrós y puso en movimiento la exhibición en el Colegio Público de Abogados.

Sendrós, apoyó  desde el principio este “gran acto”: “Con Pepe de la Colina nos preguntamos cuántos nombres han estado en la lista negra y cuántos otros han sido olvidados a pesar de haber participado en la construcción de la Nación. Sarmiento se ha ubicado en segundo puesto, después de Julio A. Roca”, dijo.

Sobre el argumento del film, opinó de la Colina: “Tiene una mirada puesta en los chicos. Hemos sido educados con el molde de los héroes del Billiken, y propone una reflexión sobre la Argentina y Latinoamérica, que han debido construir modelos fundacionales en paralelo con la constitución de los estados: esto trajo conflictos de orden intestino. La antinomia que caracteriza a nuestro país promueve que no nos permitamos indagar en los matices que existen en la personalidad que caracteriza a los próceres”.

“El director imaginó su obra a partir de “un acto inolvidable” encargado a Betina, una nueva maestra en la Escuela Normal de San Juan, en la cual su directora quiere rendir homenaje a la figura del Gran Sanjuanino; de esta manera Betina  debe bucear en  libros, fotos, lugares, viajes y también en el destino que había marcado el camino hacia la presidencia de la Nación”.

La primera escena se remonta al 14 de febrero de 1811. La  madre que entra a la iglesia cubierta con blanca mantilla es Paula Albarracín y el hijo que lleva en brazos es Faustino Valentín. “El que ustedes conocen no se llamaba Domingo ni su apellido era Sarmiento; su nombre real debía ser Faustino Valentín de Quiroga Albarracín. Su padre era José Clemente de Quiroga, pero como se enojó con todos los Quiroga usó el apellido de su madre: “De Quiroga Sarmiento”. Entonces, a su hijo le puso Faustino Valentín Sarmiento y fue bautizado el 15 de febrero, con un día de vida: nos basamos en el onomástico: el 14 de febrero, el día de San Valentín, y así fue su segundo nombre”, comentó de la Colina, quien trabajó en la reconstrucción histórica “para no errar en los datos”. El director se mostró un tanto sorprendido al llegar a Buenos Aires el año pasado y darse cuenta de que si bien en San Juan se idolatra a Sarmiento, en esta ciudad se hablaba muy mal de él. Había gente que lo trataba de asesino y de loco y esa información errónea le llamó la atención porque era una percepción distinta en dos lugares de un mismo país.

“Hay escuelas en las que no se habla de su obra, de lo que pensaba, de lo que amaba a su país. El Día del Maestro está decretado en Panamá y hay miles de páginas en idiomas que lo recuerdan: me llamó la atención que aquí haya una división importante. Venimos produciendo documentales y nos decidimos a hacerla para abrir el debate. Tardamos meses, durante los que trabajaron más de cuatrocientas cincuenta personas, entre técnicos y actores: la historia tenía que ser sanjuanina, de lo contrario no era convincente. Tenía que tener la tonada, los paisajes, la escuela”, manifestó de la Colina.

En cuanto al origen de “Domingo”, los Albarracín eran gente de plata que  colaboraron en la construcción del Templo de Santo Domingo, eran tan devotos que a los pocos días su madre lo llamaba Dominguito y así trascendió  en la historia.

“¿Cómo era Sarmiento?”, preguntó Pablo de Vitta, conocedor de la historia del cine argentino y de la interna de la película.

Era divertido. Fue, en síntesis, un tipo que en su época desarrolló unas cuantas neuronas más de las de quienes lo rodeaban y pensó que la solución era igualar a partir del conocimiento: construyó más de ochocientas escuelas, además de otros emprendimientos.

…Por otro lado, Martín, un profesor de historia, detractor del Maestro de América, vivirá una experiencia muy particular que cierra un final totalmente inesperado. La semblanza de Sarmiento se va construyendo hasta volverse inmensa en el gran patio de la escuela.

La última escena es realmente “un acto inolvidable”. El día tan ansiado había llegado. La escuela se transformó con la algarabía de sus alumnos, la campana sonó más fuerte, mientras la bandera celeste y blanca se confundía con el cielo y las nubes. En medio de tanto bullicio un hombre camina en silencio por los pasillos. Observa las aulas y los pupitres vacíos…

En una mañana importante, los chicos aguardan bajo el sol, impecables y expectantes. Una maestra comienza su discurso tratando de dejar un recuerdo imborrable.

“Cuando Boy Segovia apareció, me sorprendió su figura. Su fuerza en el texto, su postura me convencieron: no hubo modificaciones, estaba metido en el personaje”, apuntó el orgulloso director.

Boy Segovia no hizo de Sarmiento, ¡fue Sarmiento!

Con una trayectoria de más de cincuenta años de teatro, ha protagonizado películas en Buenos Aires y en San Juan. A sus 77, su figura se elevó para saludar a quienes lo aplaudían a él y al Gran Maestro.

Y cuando las luces de la sala se encendieron, alguien recordó una frase de  Carlos Burone: “No importa la historia que me estén contando, lo importante es que sea creíble para mi”.

¡Y lo fue! Sarmiento había dejado su sillón para contarnos su vida.

Patricia Ortiz



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2 Comentarios

  1. sandra - 07/09/2010

    necesito ver la pelicula y poder pasarsela a mis alumnos

  2. LEO LAGUNA - 09/09/2010

    necesito encontrar la pelicula sobre sarmiento para pasar a mis alumnos de una escuelita rural… gracias

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