Menores y violencia tóxica. Responsabilidades Compartidas, Parte II: Todos somos Estado

Los personajes, otra vez al mercado
En la entrega anterior fueron saliendo a la luz algunos de los protagonistas de este drama. Estos responsables planteaban un síntoma por lo que se hacía necesario el auxilio. ¿De quiénes? ¿En qué forma? ¿Por qué los responsables de ir en auxilio de los vulnerados no lo hacemos o, a veces, lo hacemos inadecuadamente?

El Dr. Abraham dijo que no sólo hablamos de responsabilidades compartidas, sino de un corte de la cadena solidaria. “No creo en las casualidades porque soy psicoanalista; creo que esto fue muy bien pensado y estructurado con una estrategia. Por ende, nuestra labor como dirección es trabajar en pos de restablecer aquellas redes que fueron quedando. Esta política hizo estragos, pero hubiera hecho más si se hubiera quebrado la cadena totalmente”.

Para el Lic. Sotto, la sociedad explotó por una política en contra del argumento de todo un movimiento social, donde el trabajo dignificaba. Con esta estrategia de retirar del Estado las obligaciones de ser un disciplinador social, quitar el trabajo y cuestionar la formación de todos los lazos de solidaridad con los lazos de construcción social, en algún punto se produce el quiebre.

Tenemos los síntomas de cualquier enfermedad biológica y social; nos tenemos que hacer cargo y nos tienen que direccionar hacia algún lugar: éstas son las responsabilidades políticas  del Estado.

“Uno piensa en los sectores que fueron atravesados por esta crisis: uno tiene que tratar de ver cómo los puede ayudar, cómo los acompaña en esto. Y creo que el discurso fue cambiando; ahora se empiezan a atender las problemáticas complejas con respuestas complejas”, agrega el Dr. Abraham.

¿Esto implica que en la labor del terapeuta antes había otra idea?

Antes la respuesta, desde el discurso médico, era el “cerebro químico”: durante los 90, el problema se reducía a sustancias químicas. Todavía hay médicos que, ante un problema de adicción, de violencia o cualquier situación que esté pasando el joven, lo primero que van a pedir es una resonancia magnética o una tomografía TEP (con exposición de positrones). No va a ahondar antes sobre lo que pasa con este joven, cómo vino, la familia, dónde vive, en qué horarios, cuáles son sus relaciones.

El cerebro por un lado, el cuerpo por otro, la psiquis por otro. Hoy estamos tratando de integrar. Tomografías y resonancias tienen una gran importancia, pero en contexto de integración de las otras problemáticas. “Yo me recibí en el 81 y ya estábamos formados para trabajar en las tomografías computadas, en la última enzima, las reacciones químicas… la atención primaria ni existía como formación universitaria, donde, con los  impuestos, se está pagando para formar un profesional que atienda la salud”.

Abraham cree que no es casual esto porque durante años imperó una ideología de individualismo; en aquel entonces se trataba, incluso desde la universidad —motor importante en un país— de formar profesionales para consultorios, no para trabajar en los hospitales; no existía la atención primaria. “La atención primaria en la Argentina fue totalmente arrasada. Los profesionales no están formados en atención primaria sino para trabajar en la complejidad, como te decía acerca de las tomografías. Entonces no están los niveles de complejidad como deberían estar: El médico tendría que estar en los barrios, tendría que haber un equipo interdisciplinario de atención primaria (ya ni pensar en un médico) que pudiera tomar esa primera demanda y ver si la puede resolver. Y tal vez esa situación no necesite pasar a un segundo nivel de complejidad.

Acá es al revés: te mandan directamente a un hospital interzonal, que es un nivel de complejidad importante”.

El Dr. Abraham sugiere: “Tendríamos que instalar la idea de que todos somos Estado. Porque acá hay un contexto socioeconómico que imperó durante muchos años: El concepto de mercado; el Estado benefactor era mala palabra. Decía el mercado que el Estado proveía todo y se pasó a la antítesis de esa situación: acá el mercado es el que manda y pone las reglas y el Estado se tiene que retirar cada vez más. Ésa fue la consigna del libre mercadeo que, desde hace unos treinta o cuarenta años, viene imperando en el mundo. La Argentina no fue exenta de esa situación, con lo cual el Estado, como regulador de las relaciones para que la ciudadanía pueda tener una relación pacífica y una convivencia estuvo ausente, no pudo intervenir”.

La opinión del Lic. Francisco Sacco fue: «A mí me parece que el título Responsabilidades Compartidas ayuda a no poner la pelota afuera, sino a ser protagonistas de una construcción social donde estamos como padres, como autoridades, como medios de comunicación, empresas, un universo que hay que unificar, no es decir: ‘Es la policía, o son los psicólogos, o los padres’».

Responsabilidades compartidas: toda una definición política

El Dr. Abraham trabaja por un cambio de paradigmas necesario: en Estados Unidos ya se dieron cuenta de que esto no es así: El Estado va a tener que suplir ese orden en el que “no hay reglas, las reglas las dispone el mercado, cada uno vive como puede”. Esto está sucediendo, no es que ya desapareció, estamos en un momento de transición; en la Argentina, desde que asumió el gobierno de Kirchner, hubo un cambio en esta situación, hay una tendencia a que el Estado esté más presente en regular una serie de cuestiones que tienen que ver con la convivencia y la posibilidad de construir ciudadanía.

Relacionado con el tema político, Miguel A. Narváez agregó: “Se produce un importante cambio de paradigmas, se cuestiona la famosa globalización. Entonces el paradigma que tiene en este momento a EE. UU. como pivote u orientador del mundo es que, como decía (Francis) Fukuyama, murieron todas las ideologías. Ahí tenemos un cambio de paradigmas y lo más lindo de todo es que despierta la famosa incertidumbre: ¿Hacia dónde vamos? Estados Unidos dice: “Esto se soluciona con plata”. Yo opongo un cuestionamiento: no sé si se soluciona con plata en este punto”.

Y Abraham completa: «En realidad, lo que no queremos hacer es política partidaria, porque si uno es Estado, tiene que contemplar toda la pluralidad, todas las acciones. Pero la política no es mala palabra: yo creo que ésta es la idea que el mercado, justamente, en los últimos años nos ha querido meter. No había que hacer política, no había que participar, el mercado iba a regular todo y nos iba a hacer partícipes del bienestar a todos. Lo mismo pasa con otro enunciado que sería la a-historia:

“Una nueva ideología sería la de tomar las cosas complejas y hacerlas simples; si algo debimos aprender de las crisis que fuimos atravesando y bordeando, una y otra vez, es que uno tiene que cuestionarlas porque no se puede solucionar problemas nuevos con soluciones viejas”».

Nuevos actores: redes solidarias, los jóvenes y el espacio público

Si algo vemos después de las crisis, es que no se ha logrado destruir por completo el entramado social que mantiene esas redes; la tarea es juntarlas, acompañarlas, fortalecerlas…

Desde la dirección de este grupo se trabaja con madres en un programa en las plazas del municipio (proyección de cine para reunir a la familia) y la tarea es descubrirlas, gestionar con ellas, acompañarlas, estar. Lo necesitan dado que, a veces, se sienten solas. Es mucha la tarea que deben llevar adelante y, de esta manera, se crea un espacio entre los distintos actores comprometidos.

¿Es más fácil esta articulación entre los sectores más postergados?

Narváez sostiene: “Analizando La Matanza, hay más solidaridad hoy en Laferrere, Catán, Rafael Castillo o Villa Celina que en Ramos Mejía o Villa Luzuriaga (estas últimas habitadas por moradores de buen pasar). Las primeras tienen mayor grado de participación y esto es la consecuencia de que, historiando, desde treinta años atrás hubo sociedades de fomento, clubes que se cerraron o remataron, plazas que fueron ocupadas desplazando a las familias.

El Dr. Abraham prefiere hablar de grados de vulnerabilidad y, para contrarrestarlos, establecieron una prioridad con los sectores más necesitados; pero con toda la población el trabajo es el mismo, se llega de la misma manera. Los chicos más adinerados también son vulnerables.

“Aunque ciertamente, es más difícil juntarlos cuando las madres no saben que al lado tienen problemas con adicción”, interviene Narváez.

Abraham precisa los conceptos: “Ahora estamos viendo que hay más conciencia también en esos sectores, más información. Ha pasado con el problema de la seguridad y con otros: parecían temas que no los alcanzaban y hoy se están dando cuenta de que sí, más allá de la creencia de que el dinero puede solucionar todos los problemas”.

Ocupación del espacio público

Cuenta el Dr. Abraham que, cuando llegaron con la actividad de proyección de cine que organizó el municipio (se llevan tres películas para exhibir a un público de diferentes edades y después, según el que asiste, se elige la que se va a ver): «Nosotros fuimos como Dirección, tratando de articular con la SADA (Subsecretaría para Atención de las Adicciones, del área de Salud Provincial). Estaban las madres de Lucha contra el Paco de La Matanza… Cuando llegamos, estábamos colocando nuestros carteles y los stands; estaba llegando la parte técnica para su armado, había pibes en el mástil —típico de la plaza—, adolescentes de entre trece y diecisiete años e increpaban a (Miguel) Narváez: “Amigo, amigo!”. El mensaje era: “La plaza es nuestra,¿qué están haciendo?”

La sensación es que la plaza dejó de ser ocupada por la familia. En ese momento los jóvenes se retiraron porque no estaban familiarizados con la actividad, pero vinieron los más chiquititos y uno también debe apuntar a esa edad. Más de cincuenta pibes se sentaron a mirar la película Madagascar II, y estaban encantados, junto con algunos padres que se quedaron tomando mate. Esta actividad simboliza cómo empezar a recrear lo deshilvanado, lo fragmentado. Opino qu,e cuando asume el gobierno de Néstor Kirchner, hay un cambio cualitativo en ese sentido, en relación a poder empezar a ganar espacios, restablecer redes. Y la nuestra es una política del municipio, está pautada la forma política de encarar el problema de las adicciones: no tenemos que ir con la valijita, abrirla y mostrar: esto es cocaína, esto es marihuana, así se arma un “porro”. Nunca más vamos a hacer eso. Nosotros, cuando vamos, trabajamos con las redes, tratando de ver cómo podemos articular con los otros sectores sociales y con los otros sectores gubernamentales: estamos trabajando todos en lo mismo”.

Juan Manuel Avellaneda



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