El barrio de Caballito cumplió 188 años. Paseo en homenaje a su larga historia.
Hace cuatrocientos años, Hernandarias otorgó mercedes de chacras al oeste de Buenos Aires, región llamada desde 1603, Pago de la Matanza. Cuatro de ellas (las conocidas como de San Francisco, de Berois, de Belén y de Pesoa) son ubicadas por el historiador Osvaldo Sidoli entre las actuales calles Gascón y Boyacá, tomando como eje el camino Real (hoy Av. Rivadavia).
A principios del siglo xix, se documenta la nomenclatura de Partido de Flores, entre cuyos límites está la zona de la que hoy vamos a hablar.
Esta zona toma su nombre, hacia 1821, de una particular veleta de latón adquirida por Nicolás Vila. Tenía forma de caballito y fue emplazada originariamente en la esquina de Rivadavia y Emilio Mitre. Era la que hacía reconocer a los viajeros el lugar. Cita Sidoli como fuente documental a Arnaldo Cunietti: “Pasando el Caballito, frente al Caballito, antes del Caballito”.
Creado el Ferrocarril del Oeste, hacia 1857, la estación ubicada en las tierras donadas por Carlos Naón oficializa la nomenclatura popular.
Por fin en 1887, federalizada nuestra ciudad, incorpora el Partido de San José de Flores,y con él, este barrio nominado por un mojón en el camino.
Hoy, después de 188 años, los vecinos aluden con orgullo a este sitio como Barrio del Caballito, lo sienten como propio y se alegran cada vez que se agrega un nuevo espacio verde, por ejemplo, el que acaban de anunciar las autoridades comunales al sur de la estación ferroviaria, en la vereda par de la calle Rojas. Es que el Caballito actual es un sitio de alta densidad poblacional (aún recordamos los reclamos por el “boom” inmobiliario anterior a la actual crisis), con gran demanda de plazas y parques, pulmones para esparcimiento y reunión.
Un barrio caracterizado por sus quintas y residencias bajas y espaciosas hasta la construcción de altos edificios en la segunda mitad del siglo xx. Por ello, un gran porcentaje de su población no es oriunda de este lugar, al que tomaron como residencia por su facilidad de transporte, entre otros motivos. Recordemos que hasta allí llegaron los primeros colectivos que vio la ciudad, en 1928, y que nuestro primer subterráneo sirvió la zona desde 1914, los tranvías traccionados por caballos, desde 1870, y el primer tranway eléctrico, en 1897. Además, el centro de la Ciudad Autónoma es señalado por una placa en la avenida Avellaneda 1023.
Los límites de Caballito se ubican, por ordenanza de 1972, entre la calle Río de Janeiro, las avenidas Rivadavia, La Plata y Directorio; Curapaligüe, Donato Álvarez y las avenidas Juan B.Justo, San Martín y Ángel Gallardo.
Cada rincón de este lugar tiene una belleza cargada de historia, desde sus antiguos colegios e iglesias hasta los palacetes que aún sobreviven en la Av. Pedro Goyena, la Plaza Irlanda, el Parque Rivadavia con sus leyendas y el Parque Centenario, la bulliciosa plaza Primera Junta con sus comercios y el elevado terreno de José María Moreno y Valle, donde se erigió en 1915 un depósito de la ex Obras Sanitarias.
En Caballito aún se puede pasear en tranvía desde Emilio Mitre al 500 y también consultar su historia en Thompson y Valle o aventurarse por la Biblioteca “General Alvear”, en Avellaneda 532.
Egrégora Cultural agradece —por fin— a quienes posibilitaron esta nota, orgullosos vecinos, autoridades del Centro de Gestión y Participación N.° 6 y, especialmente, al Sr. Ramón Pisos, cuya pasión y gentileza nos orientó a través de la información que ofrece la Junta de Estudios Históricos del Caballito. Y felicita a los moradores del barrio que ya ha cumplido sus primeros 188 años.
Juan Manuel Avellaneda















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